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martes, 2 de noviembre de 2010

San Andrés de Pisimbalá, la Balsa, Cali







Por: Andrea Carranza 

Dentro del programa “Pedagogías para la diversidad étnica y cultural en contextos urbanos”, al que asisto actualmente, se realizó un recorrido por apuestas en educación propia y/o por la diversidad, en los departamentos del Cauca y Valle del Cauca. Dado que mi trabajo en este núcleo apunta a vislumbrar un modelo pedagógico que articule la identidad cultural y nacional en procura de una ciudadanía intercultural, en el Colegio Distrital Rural Los Soches, grado 4to y 5to, esta visita fue pertinente ya que más allá de las delimitaciones de cada espacio, los arraigos y la variedad, pude dar cuenta que los problemas y expectativas ante la escuela, en general, son los mismos, lo que cambia, y retroalimenta, son las estrategias que se asumen.

De la convivencia con los indígenas Nasa, descubrí en sus procesos educativos la real posibilidad de de-construir los escenarios formales de aprendizaje; aulas cerradas, leer y escribir se hacen insuficientes si los muchachos no saben oír y compartir la palabra. En torno al profesorado, el esfuerzo que realizan es admirable; por un lado, si bien, como comúnmente se cree, sólo se deberían instruir los estudiantes en la escucha y en el diálogo, profesores de igual modo están realmente inmersos en ello, en consecuencia, aun viniendo de contextos ajenos, se trabaja por lograr una horizontalidad plena. Por otro lado, los maestros realizan “sacrificios” en cuanto a su vida familiar y local; abandonan su ciudad y seres queridos por educar, a pesar de llevar a cabo una ardua labor voluntaria en la que son 5 maestros para, aproximadamente, 170 estudiantes. Como docente, esto es una gran motivación y despierto inmensas ansias de poder desarrollar en los niños campesinos un proceso más ligado al acompañamiento de sus tradiciones, fortaleciendo la identidad, ojalá, a modo de Minga Educativa, una realidad posible estrechando todavía más el compromiso de las familias y las veredas con la educación de su comunidad, y de mi parte no abandonando sus progresos ni únicamente a la materia que me concierne, ni considerar la distancia inter-barrial como inconveniente.

También pude reflexionar que, en comparación a los adolescentes, niños y niñas indígenas, los escolares de Los Soches son muy afortunados en cuanto a materiales, muebles y dedicación tiempo-estudiante; es mi deber hacerles saber esto para que sea una virtud que juegue a favor de la confianza del colegio. En lo que respecta al espacio físico resulta curioso que en el caso de mi práctica se presenta un posible cierre de la escuelita – sin ser peyorativa –, en parte, porque la Secretaría de Educación de Bogotá considera que su infraestructura es inadecuada, no obstante no comparto este criterio habiendo biblioteca, salones, baños, cocina, depósito, salón de conferencias, rectoría, sala de sistemas y sala de profesores, y menos después de que mi visita en Cauca sucediera en instalaciones sencillas pero capaces de congregar los ánimos; eso sí, sin pretensiones de caer en el conformismo, lo que hace falta es un refuerzo, posterior a la sucesión del terreno a causa de muerte de la propietaria original.

Otra instancia fue la estadía en el jardín infantil La Casita de niños, en la población de La Balsa, Cauca, el cual pretende una promoción etno-cultural de carácter afro-descendiente y afro-colombiano; éste me permitió rescatar los espacios comunitarios como incentivos de unión en los pobladores al buscar el desarrollo integral de los niños en su primera infancia; eso me rectifica que cultivar adecuadamente saberes y potencialidades en la primera edad y en la primaria será el baluarte de una mejor sociedad, más comprensiva y capaz de estar abierta al diálogo. A su vez no hay que ilusionarse con que una institución educativa va a hacer a una persona más culta, por el contrario este sitio, y agrego otros lugares como el Colegio Valentín Carabalí - con primaria, secundaria y media técnica - y el Etno-museo, me hicieron consciente que el impulso definitivo por mejores condiciones vendrá de las familias y los anhelos que se guardan en cada uno de los estudiantes, a modo de conquista y no a la deriva del asistencialismo del Estado u Organizaciones No Gubernamentales. A propósito, me encantó el gusto por preguntar, escuchar y comunicar de los niños y niñas afro, en los niños y niñas indígenas y campesinos, hace falta incentivarlos a que formulen preguntas sin temor y con respeto.

Ahora bien, en cuanto a métodos, resulta muy útil para lo rural la visión ambiental que sostienen las maestras de La casita de niños en cartillas y materiales para decorar y efectuar actividades, lo que exige creatividad de la profesión. La producción agrícola sostenible es así mismo de su preocupación, lo que demuestra que su gente quiere fortalecer alternativas para mantener los modos de vida que se han mantenido generacionalmente. En conjunto, colabora la inclusión de los niños y niñas en todas las celebraciones, para que vayan sembrando sentido de pertenencia, y no se vea exclusión de los adultos, lo que continúo confirmando durante este viaje un afán porque la infancia aprenda a relacionarse antes que meramente a escolarizarse.

La tercera experiencia sucedió en Cali, asistí a una conferencia dada por representantes de grupos actores de las necesidades por los temas de diversidad de género y sexual. Con ellos pude aprender lecciones en cuanto al trato en la escuela del reconocimiento, el respeto y la autoestima en los adolescentes, niños y niñas. Sin haberlo pretendido, o tal vez ya iba entendiendo la enseñanza de esta salida, sirvió esta oportunidad para dar una conclusión al tema que nos concierne: existe una fuerte iniciativa de hombres y mujeres por el rescate de lo humano pese a las peculiaridades que están en cada identidad y la llamada de la Modernidad a masificar. Entre ambos extremos coexisten retos y responsabilidades que se deberán asumir en primera medida a partir de la escucha, siendo lo pedagógico campo pertinente para la acción. A esta altura también noté que lo didáctico es una ayuda constante dirigida a la socialización, se reiteró que nada vale estudiantes y docentes capaces cognitivamente si su faceta afectiva es negada a los demás; en este caso en particular para comunicar su mensaje de inclusión social intentaron valerse de la llamada Caja de Herramientas.

Finalmente, faltaría por agregar que mi proyecto lo quiero finalizar sin angustias; todos los espacios educativos a los que acudí me enseñaron que se deben aceptar las debilidades y hacerles frente sin caer en la desesperanza, los maestros y maestras no somos mecías, ni existen recetas concretas para la interculturalidad, el tema está en la mesa y tanto en nosotros, como en estudiantes, familias, entidades e instituciones se ha de re-pensar con y desde la diversidad, superando el panorama superficial de la tolerancia y acercándonos a la igualdad de condiciones y, sobretodo, de posibilidades.


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